Que no se pierda lo aprendido: el arte de mantenerse en pie

“He visto cosas que vosotros no creeríais…
Combates, maestros, derrotas, victorias, silencios y verdades.
Todos esos momentos, si no se comparten,
se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.”

Inspirado en Blade Runner (1982)

El tiempo, el arte y la memoria

Hay frases que no solo se escuchan: se sienten.
Esa escena de Blade Runner, con el replicante hablando bajo la lluvia, me acompañó durante años como un recordatorio silencioso:
todo lo que vivimos, si no lo compartimos, desaparece.

En el arte marcial ocurre igual.
Cada maestro que conocí, cada golpe que recibí, cada lección que aprendí, fueron momentos irrepetibles que forjaron lo que soy.
Y con el paso del tiempo, entendí que el verdadero sentido de aprender es preservar lo aprendido para que otros lo continúen.

El legado de mis maestros

He tenido el privilegio de entrenar con grandes maestros de Ving Tsun:
José Ortiz, Chan Chee Man, Emin Boztepe y Javier Gutiérrez.
Cada uno dejó una huella distinta, y juntos formaron el mapa de mi camino.

  • De José Ortiz, aprendí la estructura, la estrategia y el valor del detalle.
  • De Chan Chee Man, la sencillez del movimiento y la pureza del concepto.
  • De Emin Boztepe, la acción directa, la eficacia y la actitud de supervivencia.
  • De Javier Gutiérrez, la disciplina, el orden y la famosa frase:

“Entrena como peleas y pelearás como entrenas.”

A ellos les debo no solo técnica, sino una forma de estar en el mundo.
Y cuando pienso en lo que el maestro René Latosa dijo una vez —

“Mis maestros están muertos.”
no lo siento como una pérdida, sino como una llamada a la responsabilidad.
Si los maestros ya no están, el arte depende de los que seguimos vivos.

De la técnica al combate real

Durante años busqué perfeccionar el gesto: la línea, la postura, la forma.
Hasta que comprendí que el combate real no se gana en el espejo, sino en la mente.
En la vida real no hay árbitros ni repeticiones; hay instinto, miedo y decisión.

Fue entonces cuando descubrí la filosofía de Geoff Thompson, el creador del concepto Three Second Fighter.
Thompson, portero de discoteca y combatiente de la vida, decía que en una pelea real tienes tres segundos para actuar antes de que el miedo te paralice.
Tres segundos para decidir quién eres y qué vas a hacer.

Esa idea me marcó profundamente.
Porque es la misma esencia del Ving Tsun: economía, estructura y acción.
No se trata de pelear mejor, sino de responder sin pensar, de dejar que el cuerpo hable el lenguaje que el alma ha practicado durante años.

Animal Day: el laboratorio del caos

El Animal Day nació del propio Geoff Thompson como una manera de poner a prueba las artes marciales fuera de su zona cómoda.
Sin coreografía, sin ego, sin espectáculo.
Solo el caos, el miedo y la verdad.

Apliqué ese espíritu en mis entrenamientos, adaptándolo al Ving Tsun, al Judo y al BJJ.

Comenzábamos con ejercicios suaves, controlando el ritmo y las reglas.
Luego, poco a poco, íbamos cambiando las normas:
introducíamos agarres, mordiscos, cabezazos, rodillas, o incluso armas simuladas.
Cada vez que añadíamos una variable, la realidad se transformaba, y las técnicas “perfectas” del salón se volvían inútiles.
Ahí comprendí algo esencial:
no hay estilos absolutos, solo adaptaciones efectivas al entorno.

Un boxeador puede vencer a un judoka,
el judoka a un practicante de Ving Tsun,
y el de Ving Tsun al boxeador.
Pero todo cambia si el suelo está mojado, si el espacio es pequeño, o si el miedo entra en juego.

El miedo como maestro

Emin Boztepe decía:

“Miedo siempre tengo. Pero hay que convertirlo, como los animales: cuando se sienten amenazados, atacan sin contemplaciones.”

Esa es la diferencia entre el arte de salón y el arte tabernero.
En el salón buscamos la perfección;
en la taberna buscamos la supervivencia.
Y la línea que separa una de otra es el miedo.
Aprender a mirarlo sin huir, a convertirlo en acción, es el mayor logro de un artista marcial maduro.

 Preservar antes de que el tiempo borre

Hoy miro hacia atrás y veo más de treinta años de práctica.
Miles de horas de sudor, risas, derrotas y revelaciones.
He llegado a un punto en el que ya no entreno para mejorar, sino para entender.
Y ese entendimiento trae consigo un deber: compartirlo antes de que se pierda.

“Lo que no se comparte, se desvanece.”
Sifu Jesús Carballo

Por eso escribo.
Por eso enseño.
Porque mis maestros viven en mis movimientos,
y mis alumnos serán, algún día, los portadores de su voz.

Cierre

El arte marcial no es un museo.
No se trata de repetir gestos antiguos, sino de mantener vivo el fuego que los creó.
Cada generación debe añadir su comprensión, su lucha y su verdad.

Yo tuve la suerte de aprender de gigantes,
y ahora me toca a mí ser puente entre el pasado y el futuro.

“La verdadera pelea no es la que gana quien está en el suelo,
sino quien nunca cae.”

Emin Boztepe

Y yo, mientras pueda mantenerme en pie,
seguiré compartiendo lo aprendido…
para que no se pierda en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

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