Reservado el derecho de admisión.

Hoy en día está muy en entredicho la supuesta efectividad del Ving Tsun y no es para menos después de ver innumerables videos en los que los practicantes de Ving Tsun salen muy mal parados en enfrentamientos con otros artistas marciales.

Voy a intentar poner mi pequeño granito de arena y mi experiencia en lo que he podido ver en estos 20 años de práctica.

Cuando yo comencé en este para mi maravilloso arte marcial era el Boom del Wing Tsun en España y la mayoría de mis compañeros que habían comenzado antes que yo eran unos “bestias”, profesores de otras artes marciales, practicantes de deportes de contactos, luchadores que hoy en día se hubieran decantado por las artes marciales mixtas las cuales no existían en esos días. Lo mismo ocurrió años antes en Alemania donde se comenzó a difundir el Wing Tsun y maestros de la talla de Emin Boztepe, Salid Avci, Victor y Javier Gutierrez, Daverne, Reimers, Dingeldein, Tassos, etc eran verdaderos gladiadores que seguramente también habrían optado por las MMA si hubieran existido en esos días.

Esa “tropa” de buenos luchadores fue la responsable de darle una fama tremenda al Wing Tsun como arte marcial y que todo aquel que acudía y que como yo provenía de otras artes marciales comprobaba que era el eslabón perdido que le faltaba en su entrenamiento. Pero a medida que avanzaba el tiempo y la gente veía que por culpa de unos programas que te mantenían ocupado en cosas sin sentido se iba perdiendo ese espíritu las clases se fueron llenando de soñadores y vaciando de luchadores. Hoy en día gracias a dios pienso que las cosas han cambiado (no todo el mundo) y la gente tiene muchas y diversas opciones para elegir.

Eramos personas que estábamos acostumbradas al sparring y que encontrábamos en los principios del Wing Tsun algunas respuestas que nos faltaban. Pero aquí vino creo yo el gran error de la enseñanza del Wing Tsun, una enseñanza basada en grados y en la cual el único sparring que existía era un ejercicio con movimientos prefijados y programas llamado Lat sao.

Todavía recuerdo que los fines de semana quedábamos varíos practicantes de Wing Tsun para hacer sparring y allí podíamos comprobar que no éramos tan invencibles como pensábamos o que podíamos hacer morder el polvo a alguien con un grado mayor que el nuestro lo cual no estaba bien visto.

Tambien la fama del Ving Tsun se la ganaron en Hong Kong a base de comprobar sus habilidades contra otros practicantes de otras artes marciales, igualmente que sucedíó en los años 80 en Alemania y en los 90 en España. Como dice el maestro Chan Chee Man, el maestro Yip Man no estaba de acuerdo con estos enfrentamientos pero le decía que si tenían que pelear tuvieran en cuenta dos cosas, estructura y actitud (osea cojones). Hoy en día hay muchos maestros que mantienen a sus alumnos en una burbuja de la cual nunca salen (claro esto es muy comercial) y claro este tipo de “alumnos” que normalmente no se van a poner a prueba (no vienen de barrios conflictivos) creen a pies puntillas toda esta serie de mentiras.

Hoy en día la única forma de testar esas habilidades es el sparring, conociendo su ventajas e inconvenientes (si lo haces mal). Ponerse los guantes, espinilleras, hacer ejercicios condicionados, libres, etc. y hacer ver a los alumnos que son unos ejercicios más, imprescindibles para su formación y no son “el demonio” que van a perjudicar su manera de hacer Ving Tsun. El propósito del Sparring y siguiendo una frase que lei del maestro Chan Chee Man “nosotros no nos gusta retroceder, pero si el enemigo es más fuerte y más rápido deberemos movernos hasta encontrar el momento adecuado de atacar”, es trabajar el timing o momento adecuado de ataque además de saber que también te pueden golpear aunque golpees o que tu también puedes golpear después de que te golpeen.

Como decía anteriormente la calidad como luchadores antiguamente de los practicantes del Ving Tsun se la ganaron a pulso, pero lo que no puede ser es que la gente viva de esas rentas y de la supuesta efectividad de sus maestros. Mucha gente viene con la falsa idea de que va a encontrar golpes secretos y una energía mística que les van a hacer invencibles y cuando topan con la cruda realidad de tener que trabajar duro, sudar la gota gorda y ponerse a prueba huyen despavoridos.

Por supuesto que hay gente que viene buscando otras cosas. Estar en forma, practicar un arte marcial, encontrarse más seguro, relajarse, etc. y tambíen debemos estar abiertos a esas personas, pero sin engaños, sin trampas, sin estafarles y hacerles creer que son invencibles pues lo hacen muy bien contra un enemigo que lanza golpes “congelados”. A esos alumnos hay que sacarlos de la zona de confort a la que están acostumbrados y llevarlos mas alla, aunque siendo consciente de que nunca llegarán a ser como una persona experimentada, fajada, y no nos engañemos no es lo mismo vivir en el barrio de Salamanca que haber nacido en Orcasitas, en San Blas o en Parla.

Hoy en día, la mayoría de este tipo de alumnos no vienen a Ving Tsun y no me extraña después de ver lo que se ve y ello ha hecho que baje el nivel considerablemente. No por el arte marcial en si, que personalmente sigo pensando que es de lo mejor que hay, sino porqué se ha vendido humo durante mucho tiempo y ahora está pasando factura.

Ahora bien, la gente tiene que tener clara una cosa, si vienes a practicar, tienes que estar dispuesto a trabajar duro, de nada sirve todo el programa técnico sin sacrificio, sin una buena estratégia detrás, sin un espíritu, sin una actitud en todos y cada uno de los ejercicios que se hacen en clase.

Aquí es donde pienso que el Ving Tsun de Chan Chee Man y que conserva el espíritu tal y como lo practicaban con Yip Man obliga a los alumnos a trabajar de este modo. Este Ving Tsun cumple con todos los requisitos de los que he hablado y responde a todas las preguntas que el alumno se puede plantear sin necesidad de buscarlas en otras artes marciales.

Y todos aquellos que lo que quieren son grados, venir a jugar a clase, a charlar o pasar la tarde, por favor que no me hagan perder el tiempo, ni a mi ni a sus compañeros, para ellos está reservado el derecho de admisión.  En eso estoy muy orgulloso de “mis” alumnos, por ello yo como profesor os puedo asegurar que siempre permaneceré fiel a mis principios aunque me cueste el tener que dejar mi sueño.

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